Jueves, 19 Octubre 2017

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Historia de los corrales y de la pesca a pie o "marisqueo" tradicional.

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Cuando en el desarrollo de esta página web hagamos referencia a la actividad de pesca a pie o marisqueo tradicional como “actividad milenaria” no pretendemos incrementar artificialmente la importancia real del legado histórico de nuestra tradición. Simplemente damos constancia de transcripciones sacadas de obras antiguas y llevamos a cabo interpretaciones que nacen de la propia lógica y la consideración de los datos existentes y disponibles.

 

Lamentablemente, no hemos podido localizar textos que se refieran expresamente a la actividad de pesca a pie o marisqueo tradicional, quizás porque no fueran considerados en ningún momento, a lo largo de nuestra historia, susceptibles de constituir objeto específico de estudio por constituir algo tan cotidiano y normalizado que se convertía en opuesto a lo excepcional.

 

No obstante, hemos de considerar forzosamente vinculada las técnicas de pesca a pie o marisqueo tradicional a la existencia de los corrales de pesquería o corrales de pesca, sobre los que sí se han podido localizar algunas transcripciones antiguas, dado que en su momento fueron importantes centros de obtención de recursos pesqueros y, por ello, estaban dotados de un importante valor económico y resultaban objeto de distintas y hasta curiosas transacciones comerciales.

 

Creemos oportuno puntualizar el hecho de que no venimos a afirmar que los corrales actualmente existentes sean los mismos que proceden de la antigüedad a que hacemos referencia: tan solo afirmamos que la técnica como tal procede de dicho antecedente.

 

El devenir del tiempo ha traído consigo la aparición de nuevos corrales y la desaparición de otros anteriores, en un punto u otro de nuestro litoral, siendo recordados incluso por nuestra memoria viva el Corral de Bodión, el Corral de la Cuba, el Corral de Camarón o el Corral de la Pavona y de los que, lamentablemente, hoy no quedan más que sus antiguos emplazamientos y la característica huella dejada por su anterior existencia.

 

 

 

 

Esclarecidos estos conceptos iniciales, pasemos seguidamente a entrar en materia...

 

Los Corrales de Pesca o Pesquería de Chipiona vienen siendo utilizados desde hace cientos de años como artes de pesca, constituyendo a día de hoy un original conjunto histórico, cultural, medio-ambiental y paisajístico. Es posible afirmar que dichos Corrales de Pesca son el arte de pesca más antiguo de Europa que sigue en pleno funcionamiento aún en la actualidad.

 

 

“PLANO TOPOGRAFICO DE LAS INMEDIACIONES DE CADIZ COMPRENDIDAS ENTRE SANLUCAR DE BARRAMEDA, CONYL, MEDINA, XEREZ Y CAMPYÑA
INMEDIATA SACADO DE LOS MEJORES PLANOS Y NOTICAS QUE SE HAN PODIDO ADQUIRIR”

JOSE CARDANO, 1809 – BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA / R.9744

 

Como consecuencia de que, en realidad, el momento concreto en que tuvo lugar la construcción de los primeros Corrales de Pesca constituye aún a día de hoy una incógnita, existen diversas teorías que fijan su origen en distintos momentos de nuestro pasado. La más reciente de estas teorías establece el nacimiento de los Corrales en algún momento entre la época romana tardía y el inicio de la ocupación árabe, incluyendo por ello la totalidad de la etapa de presencia visigoda. Esta teoría se basa en los restos, aún visibles en la actualidad, que demuestran las distintas fases de gestión como cantera de la laja rocosa ubicada en la zona hoy ocupada por los Corrales ubicados en la Playa de Las Canteras, y por la superposición de estos Corrales con respecto a dichas fases de explotación.

 

Otras teorías, no necesariamente enfrentadas a la anterior (pero que intentan proporcionar una datación más concreta y precisa) señalan el nacimiento de los Corrales en época árabe. Finalmente, otros autores, tal vez con mejor criterio, lo remontan a plena época romana, dada la vinculación de esta civilización con otras formas de explotación de recursos marinos y por la similitud de los utensilios empleados para llevar a cabo el despesque o “cata” con los usados por esa civilización.

 

Existe, además, un argumento histórico-geográfico a favor de su datación en época romana y no en época árabe: en la isla francesa de Olerón (que sí llegó a ser parte del Imperio Romano, pero que nunca formó parte del dominio islámico en Europa, dado que este se circunscribía a la Península Ibérica) existen Corrales de Pesca prácticamente iguales a los que hoy podemos contemplar en Chipiona, con no más peculiaridades diferenciadoras que las que son atribuibles a las diferencias entre ambos litorales o por razón de las especies que los habitan. Es de destacar este dato por cuanto en la actualidad únicamente pueden encontrarse Corrales de Pesca en nuestra costa y en la de la citada isla gala, siendo la del Imperio Romano la única datación histórica en que ambas latitudes estuvieron unificadas bajo un mismo dominio político, administrativo y militar.

 

Con independencia de estas teorías, y de otras no citadas, no debe desdeñarse, incluso, la posibilidad de que su auténtico origen corresponda a una civilización aún más antigua, resultando la estructura definitiva de estas artes de pesca de un proceso previo de adaptación y evolución de obras más básicas y primitivas a lo largo de los siglos. En cuanto a datos históricos debidamente documentados, cabe indicar que son numerosos los datos históricos que hacen referencia a los Corrales de Pesca desde el siglo XIV y hasta nuestros días.

 

(Nota: Los datos históricos a continuación consignados han sido obtenidos gracias a la amabilidad y espíritu de cooperación de D. Juan Luis Naval Molero, reconocido estudioso de todas las facetas históricas de nuestra localidad, socio de nuestra entidad y Cronista Oficial de la Villa. En su mayoría proceden de su obra “Los Corrales de Pesquería”, hasta tal punto que en determinados momentos prácticamente son una transcripción literal del texto originario).

 

La primera reseña escrita a la existencia de los Corrales data del 16 de julio de 1.399, cuando D. Pedro III Ponce de León, Señor de Marchena, donó el Corral de Pesca denominado “La Cuba” y otros más al Monasterio de Regla para el sustento de los frailes agustinos. El documento de donación, según relata Carmona Bohórquez en su libro manuscrito de 1.637, dice así: “Don Pedro Ponce de León, Señor de Marchena, a 16 de julio de 1.399, hace donación al Convento de Regla, de unos Corrales de Pesquería que están en la punta que llaman de La Cuba, que dice heredado del Conde D. Joan, en el término de Rota, y dónolo libremente sin carga, para el sustento de los religiosos de la dicha casa”.

 

El padre agustino describe la existencia de los Corrales de Pesquería así: “Por este extremo de mar, hacia la playa que tira a la parte de la villa de Rota, están muchos Corrales de Pesquería, en los cuales se coge gran cantidad de pescado de todo género y de mucho regalo, soliendo salir muchos muertos y otros vivos que las mareas arrojan fuera”. Este mismo autor dice que “La gente de Chipiona habían dejado como limosna al Convento de Regla, según papeles y escrituras, tres Corrales de Pesquería”, sin mencionar los nombres de éstos.

 

 

 

 

En el Archivo de los Duques de Medina Sidonia se nos dice que los Corrales de Pesquería de Montijos y Corvina fueron donados al Convento de Barrameda por el primer Duque Don Juan el 20 de agosto de 1.451 y 8 de septiembre de 1.466 respectivamente, citándose en el caso de la primera de estas donaciones que se trataba de “una tercera parte del Corral”.

 

En el siglo XVI se menciona el Corral del “Gallego”, que estaba ubicado en la punta de lo que hoy se denomina Montijo, lugar en el que actualmente sigue existiendo un Corral de Pesca.

 

En la Jara, durante la segunda mitad del siglo XVII, existía un Corral denominado “Espadero Juan Martín”, donde se labró otro en 1.697.

 

Velázquez Gaztelu, en su libro sobre la Historia Antigua de Sanlúcar de Barrameda, hace mención a los Corrales de Chipiona de esta forma: “...Y siguiendo la playa que conduce a Chipiona y Regla, hasta enfrentar con el Corral de la Pesquería llamado en la visita antigua, del Gallego, y entonces de Juan Martín, propio hoy del Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad, por donación posterior que le hizo la Santa Cartuja de Jerez de la Frontera”.

 

Los datos existentes en los archivos de Regla revelan, tras 150 años de pacífica posesión, ciertos conflictos con el municipio. Uno de ellos se refleja en una Provisión, fechada a 16 de noviembre de 1.553, que el Duque “manda a sus Justicias de la Villa de Chipiona para que (este convento) pueda comprar, primero que otro alguno, pescado de los Corrales que tiene, sin que les puedan apremiar a que lo vayan a comprar a la Villa”. Otro es un memorial de 10 de enero de 1.557, en el que el prior Juan de Espínola se queja al Duque de la decisión de los Justicias de Chipiona “sobre embargar no se comprase pescado de los Corrales propios del convento, sino que fuesen a la pescadería”. Y otro es un despacho de 10 de marzo de 1.558, contra los Justicias de Chipiona, quienes “llegaron a perseguir a los pescadores por vender directamente al Convento el pescado de sus Corrales”.

 

También existen actas capitulares que nos revelan la propiedad de estos Corrales por parte de vecinos de Sanlúcar de Barrameda. En 1.648 se acuerda por el Cabildo de Chipiona: “y atento a ver en esta Villa, algunos Corrales de Pesquería del que se causa el dicho derecho, y los tienen algunos vecinos de Sanlúcar y otros vecinos de esta dicha Villa, y para los Corrales de la Cuba y Mentalaber, nombraron a Andrés de Montoro, para que de los corraleros y pescadores que hay en los dichos Corrales, cobre de ellos de todo el pescado que mataren, pesándolo por libras a diez y seis maravedís por cada una, y se le notifique, lo acepte y tenga libro de cuenta y razón, de todo el que mataren en este dicho tiempo cobrando los dichos derechos y a ello sea apremiado hasta que se obligue y dé fianzas a satisfacción de este Consejo, y para lo que hay junto a esta Villa y el del Corral demorante”.

 

 

Gobierno de España, Ministerio de Cultura. Archivo general de Simancas“PLANO DE LA COSTA DE CHIPIONA Y DE LA BARRA DE SANLUCAR. ANONIMO. SIGLO XVIII."
ESPAÑA. MINISTERIO DE CULTURA. ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS. MPD,47,78.

REPRODUCCION AUTORIZADA POR LA SUBDIRECCION GENERAL DE LOS ARCHIVOS ESTATALES DEL MINISTERIO DE CULTURA, ENTIDAD COLABORADORA DE ESTA OBRA WEB

 

 

Hay otros documentos que nos desvelan la antigüedad de algunos Corrales, como el de 5 de mayo de 1.820, en el que una orden de la Diputación Provincial sobre el que “Ezequiel Ruiz pretende la donación del Corral de Camarón, solicitando se informe sobre el testamento de Dña. Catalina Lorenzo Algarín que dejó entre otras cosas, el Corral de Camarón a la fábrica de la iglesia para pagar el mantenimiento de ésta y de la escuela de primeras letras”. También en un acta de 1.856 del Ayuntamiento de Chipiona se cita que Dña. Catalina Lorenzo Algarín dejó en testamento el Corral de “Camarón” para “venderlo y que lo que se cogiera sirviera para hacer una escuela pública”.

 

En una relación jurada del prior del Monasterio de Regla al Ayuntamiento chipionero sobre las propiedades que poseía en este término, de fecha 1.822, se incluye entre otras propiedades (fincas, campos, etc.) los Corrales de Pesca de “La Longuera”, “Perro” y “Hondo”, especificando a la vez que los tenían arrendados y los valoraban en esta fecha en cuatro reales de vellón. En marzo de 1.859, Diego Ruiz Mergalina, apoderado del presbítero Felipe Ruiz López, comunica al Ayuntamiento que es propietario del Corral de “Camarón”, a la vez que le reclama los réditos desde 1.840. En este escrito se dice que en ese momento el Corral era propiedad de los propios del pueblo desde el año anterior. También dice que lo habían tenido que arreglar debido a los daños causados por los temporales, por lo que no podían pagarle nada. De este modo la Parroquia fue propietaria de este Corral de Pesquería hasta 1.859, fecha en la que según las actas capitulares le fue enajenado mediante desamortización. También dice en ellas que los habían tenido que arreglar por motivo de los temporales.

 

En su libro “La pesca en la desembocadura del Guadalquivir”, su autor, José Muñoz Pérez, dice que “Algún Corral de Chipiona es propiedad de algún relevante miembro de la alta sociedad sevillana”.

 

 

 

 

En 1.751 existían en Chipiona ocho Corrales, de los cuales cinco eran de propiedad eclesiástica (cuatro del Convento de Regla y uno de la Colegial de San Salvador de Jerez de la Frontera). El Convento tenía cedido en arrendamiento dos de ellos, al igual que la Colegial, mientras que explotaba directamente los dos restantes. Había otros dos Corrales propiedad de seglares y del octavo no se tienen noticias. Hay diez personas que figuran en el Catastro como arrendadores de Corrales y mariscadores en los mismos.

 

Diez años después, en 1.761, aparecen sólo tres personas dedicadas a los Corrales y siete de estas explotaciones pesqueras. Vemos, por tanto, que los Corrales de Pesca han variado en su número durante el transcurso de los años ya que, curiosamente, en 1.751 había un Corral más que diez años después, en 1.761, aunque hay que tener en cuenta que en este transcurso de tiempo se produjo el maremoto de Lisboa (1.755), que como es de suponer afectaría y devastaría alguno de ellos, pues si en la cercana Sanlúcar de Barrameda destruyó cinco Corrales y en Rota deshizo el puerto pesquero, no sería de extrañar que en Chipiona ocurrieran desastres similares cuando el agua se desbordó saliéndose de sus límites.

 

Al respecto del nacimiento de algunos Corrales de Pesca existen referencias de cuándo fueron construidos. Así, en el acta de 19 de noviembre de 1.881 consta una comunicación del Comandante de Marina en la que dice que “D. Francisco Florido Castro puede hacer un Corral adosado al de su propiedad llamado de “Camarón”. En esta acta le dan permiso para hacerlo “siempre que cumpla con la Ley”. Probablemente se refiere al Corral “Canaleta”.

 

En otra Acta Capitular, de 1.882, el Comandante de Marina pide al Ayuntamiento “...se le informe de la solicitud de D. Manuel Reina y Junquero para hacer un Corral en el sitio denominado Punta de Montijo”. De igual modo este mismo señor solicita más tarde, el 25 de marzo de 1.882, hacer otro Corral en el lugar denominado “Hondo Chico” y “Mariño”, a lo que no se le pone reparo alguno para su construcción.

 

Partiendo de la diferencia de fechas existentes entre las transmisiones de algunos Corrales y las de las solicitudes para construir otros nuevos, es forzoso llegar a la conclusión de que no siempre han sido los mismos Corrales los que han existido en Chipiona, ni tan siquiera la misma cantidad o en las mismas ubicaciones pues, posiblemente, no pocas veces habrán sido destrozados por la mar y luego reconstruidos en el mismo lugar o levantados en otros diferentes, tal vez incluso retranqueándose conforme el mar ha ido ganando terreno a la costa.

 

Todo este período histórico expuesto hasta ahora de la mano de D. Juan Luis Naval Molero, y durante bastantes años más, tuvieron un denominador común: constituyeron la época dorada de los corrales de pesca, que seguían teniendo el carácter de industria pesquera de primer orden en cuanto a la calidad y la cantidad de sus capturas.

 

 

Es partir de la segunda mitad del siglo XX (especialmente a partir de 1.965-1970) que se registra un cambio significativo en las circunstancias biológicas y económicas que vino a traer una inversión de esta tendencia.

 

Efectivamente, si bien se había venido considerando a los corrales de pesca como un arte de pesca de primera entidad en cuanto a su capacidad para la obtención de pesca, el incremento de la presión pesquera sobre todos los caladeros, con un proceso de agotamiento permanente, fue mostrando sus consecuencias en estas artes de acción costera en la forma de paulatina y constante reducción de capturas. Se inició con ello un proceso de degradación en su consideración económica hasta tal punto que su explotación como fuente de ingresos se hizo insostenible, llegándose en casos a un auténtico abandono o, a lo sumo, a una gestión marginal.

 

El nivel más bajo en la historia de los corrales de pesca se alcanzó cuando gran parte de esta instalaciones fueron vendidas para la extracción de los ostiones que sostienen unidas las piedras que los conforman. Este proceso devino, obviamente, en una situación de auténtico peligro de desaparición física, cuando los corrales se fueron desmoronando sin que ya nadie se preocupara de su mantenimiento.

 

 

 

 

La aparición, en julio de 1.988, de la actual Ley de Costas (Ley 22/1.988, de 28 de julio) trajo consigo otro cambio significativo, esta vez en el plano legal, pues procedió a un nuevo deslinde de toda la franja litoral y de la zona de dominio público marítimo-terrestre, por lo que las zonas implicadas pasaron nuevamente a titularidad del Estado. Aunque para estos momentos la tradicional figura del catador se había ido extinguiendo en un proceso paralelo al de sus corrales, la forma de pesca a pie o marisqueo tradicional continuaba en pleno auge entre los/as vecinos/as de la localidad, pese a los cambios normativos que se habían producido durante los últimos años.

 

 

 

 

Efectivamente, y a raíz de la aprobación del primer Estatuto de Autonomía de Andalucía, las competencias pesqueras en aguas interiores pasaron a quedar en manos de la nueva Junta de Andalucía. La Junta de Andalucía pasó a considerar el marisqueo como una actividad exclusivamente profesional, haciendo exclusión de cualquier fórmula de distinción que permitiera, como en el caso de la pesca, un aprovechamiento deportivo, cultural y tradicional.

 

En dicha tendencia fueron aprobadas la Orden de 19 de noviembre de 1.984, de la Consejería de Agricultura y Pesca, y la Resolución de 12 de febrero de 1.987, de la Dirección General de Pesca, e incluso la mucho más reciente Ley 1/2.002, de 4 de abril, para ordenación, fomento y control de la pesca marítima, el marisqueo y la acuicultura. Dichas normas convirtieron en ilegal la práctica tradicional del marisqueo o pesca a pie que desde tiempo inmemorial se viene realizando en nuestra localidad.

 

El nacimiento de “Jarife” prácticamente es consecuencia, por un lado, de las primeras denuncias a mariscadores tradicionales o pescadores a pie y, por otro lado, prácticamente coincide con la conclusión de un proyecto para la recuperación y la regeneración de los corrales de pesca de la localidad (salvo en lo que se refiere al Corral “Montijo”, cuyas obras fueron ejecutadas con posterioridad, entre los años 2.005 y 2.006), gracias a la inversión realizada por la Dirección General de Costas (hoy Dirección General para la Sostenibilidad de las Costas y el Mar) dependiente del Ministerio de Medio Ambiente (hoy Ministerio de Medio Ambiente y de Medio Rural y Marino).

 

Esta situación hizo posible llevar a cabo el reconocimiento institucional a la tradicional figura del Catador de corrales por parte del Sr. Director General de Costas (D. José Triguero Rodrigo), quien firmó y entregó los oportunos nombramientos en fecha del 21 de septiembre de 2.000. La pura inercia establecía que las siguientes gestiones se encaminaran hacia un reconocimiento legal de los mariscadores tradicionales o pescadores a pie. Los trámites para dicho reconocimiento se iniciaron en una reunión mantenida en fecha del 12 de febrero de 2.001 en la Dirección General de Pesca y Acuicultura de la Junta de Andalucía.

 

Fue precisamente en esta reunión donde la, por entonces, Sra. Directora General de Pesca y Acuicultura, Dña. María Dolores Atienza Montero, tras comprobar personal y directamente cuál era en realidad la naturaleza de la actividad que llevábamos a cabo y las técnicas y útiles de que hacemos uso durante el desarrollo de la misma y las especies que son objeto de captura, acuñó la denominación de “pesca a pie”, en especial para evitar las lógicas confusiones que hasta ese momento se habían producido por nuestro uso del vocablo o expresión popular “marisqueo”.

 

Es decir, existía una coincidencia, tan solo terminológica, en el uso del término “marisqueo”: por un lado, el concepto legal previsto en las normas legales de aplicación en aquel momento; por otro, el concepto tradicional de igual denominación en nuestra costa para una actividad totalmente diferenciada, basada en artes y técnicas ancestrales y destinadas a un aprovechamiento distinto de los recursos pesqueros y marisqueros pero (sobre todo), con una total ausencia de interés de lucro o beneficio.

 

El prolongado lapso de tramitación del expediente administrativo, previa constatación de esta dualidad (aunque parezca increíble, todo radicaba en esta coincidencia terminológica) desembocó en un primer momento en la Resolución dictada desde la Dirección General de Costas en fecha del 13 de julio de 2.004 y, en segundo lugar y ya con carácter definitivo, en la Resolución del 17 de septiembre de 2.04, de la Dirección General de Pesca y Acuicultura de la Junta de Andalucía.

 

Estas primeras resoluciones, con todo, tan solo alcanzaban a ocho de los nueve corrales actualmente supervivientes en nuestra localidad (“La Longuera”, “Trapito” o “Trapillo”, “Cabito”, “Nuevo”, “Mariño”, “Canaleta” o “Canaleta del Diablo”, “Chico” u “Hondo Chico” y “Hondo”), exceptuando inicialmente al Corral “Montijo” por la previa existencia de un reconocimiento de derecho preferente a favor de la familia Misa Rodríguez.

 

Con el transcurso del tiempo, no obstante, los herederos de la citada familia Misa Rodríguez pudieron comprobar de primera mano el sistema de gestión y mantenimiento que se realizaba a los restantes corrales de la localidad, circunstancia que les decidió con carácter definitivo a apoyar que el Corral “Montijo” pasara a ser objeto del mismo sistema ya aplicado en los demás corrales de pesca o pesquería. Por este motivo, con fecha de 31 de octubre de 2.005 se inicia el trámite para la concesión del Corral “Montijo” en el mismo sistema de gestión ya de aplicación en esos momentos a los restantes corrales de la localidad. Este trámite fue puesto en marcha a través de una petición suscrita conjuntamente por las tres partes intervinientes: los herederos legales de la familia Misa Rodríguez (como titulares del derecho preferente que fue debidamente ejercitado en su momento), el Iltmo. Ayuntamiento de Chipiona (como titular de la concesión administrativa para cesión a terceros) y la propia Asociación de Mariscadores de Corrales de Chipiona “Jarife” (en su condición de esa tercera figura que se responsabilizará, en última instancia, de su mantenimiento y gestión).

 

Este expediente, igualmente largo y complejo como había sido el que le había precedido, culminó felizmente con la Resolución dictada el 20 de octubre de 2.008 por la Dirección General de Pesca y Acuicultura de la Junta de Andalucía, por la que el Corral “Montijo” quedaba equiparado a los restantes corrales de la localidad en cuanto a su sistema de gestión.

 

De este modo, los nueve corrales de pesca de nuestra localidad quedaban definitivamente unificados en cuanto a su fórmula de mantenimiento y gestión. Pero no con ello queda cerrado este capítulo de entre los fines auto-impuestos por nuestros Estatutos Sociales. Es tan solo un punto y seguido, como puede comprobarse en el apartado “LOS CORRALES DE PESCA” (en el epígrafe dedicado a “PROYECTOS PARA RECUPERACION DE CORRALES DESAPARECIDOS”).

 

Para la gestión de los Corrales de Pesca la Asociación de Mariscadores “Jarife”, mediante acuerdo de su Asamblea General, realiza el nombramiento de un catador para cada Corral de Pesca durante un período de un año, con posibilidad de renovación si la gestión y, sobre todo, el mantenimiento del arte se han llevado a cabo de manera satisfactoria. El catador del Corral ostenta el derecho de “cata” o primer despesque del Corral, quedando obligado a una contraprestación de mantenimiento permanente del arte durante el período de su nombramiento. Tras la primera “cata” los restantes mariscadores autorizados pueden acceder al Corral para, a su vez, practicar esta modalidad pesquero-marisquera.

 

 

 

FOTOGRAFIAS AEREAS CEDIDAS POR CORTESIA DEL CLUB DE VUELO LA BALLENA